Carlos Duguech

Analista internacional


Tal y como si hubiera leído el libro de Samuel Huntington, “El choque de civilizaciones”, no es de extrañar imaginar que Trump halló una especie de “mandato” en ese texto. Y a él se dispone, obediente, con todo su armamento. Y hasta prepara un imaginario corcel troyano, su propuesta de rendición,  en el que esconde toda la furia de la metralla de los EE.UU. para su “muerte a toda una civilización”. Ese cometido puede marcar como ningún otro la antesala inestable de la IIIGM.                                                  

Muy riesgoso proceder

Sin beneficio directo para los atacantes desde fines de marzo,  EE.UU. e Israel. Y no es inoportuno suponer que con ello, lejos del accionar de represalia del país bombardeado en un inocultable “crimen de agresión” que ahora ya es guerra abierta por la respuesta bélica iraní, todo el panorama se agravará. Para los combatientes, los tres, y para el mundo. La tan mentada IIIGM asoma su rostro de perversidad que desdibuja cualquier asomo de humanismo y civilización, características deseables de la raza humana.

El ultimátum tiene muy mala prensa. Y peores consecuencias. Citar tres nos permitirá reflexiones cuasi sabias sobre lo que no hay que hacer: a) El ultimátum de Truman a Horohito (26-07-1945) para que se rindiera incondicionalmente. Se esperaba un ansiado “no”. Condición sine qua non para lanzar acometer la prueba de campo necesaria para el arma nueva atómica. De ahí que fueron posibles Hiroshima y Nagasaki.  B) El ultimátum desde las Azores (17-03-2003) de Bush, Aznar y Blair a Sadam Hussein (Irak)., basado en falsas historias, que reconocieron. Y C) El ultimátum de Trump al gobierno iraní para su rendición incondicional, que esbozó en ese marzo último y precisó hace unos días con el cumplimiento para ayer noche.

Ya nada será igual en el planeta cuando -configurada en los hechos la amenaza de Trump -despliegue sus tentáculos de destrucción y muerte.